
Cara a cara con este desierto moreno…
Donde aún no se siembra agua para mojar los labios cafés, secos y partidos…
Calles elípticas, miradas que desean saber más de lo que hay.
Encontré un amor, sembré una pena…
Un árbol amigo, por algunas horas me regala una sombra forastera…
Nunca vi dos niñas besarse, ni dos hombres hacerlo igual….
Algunas mujeres tallo de rosas, sirven cervezas sin saber si el sol llega o se va…
Tranquilidad que desespera a los automóviles.
Por el final de una línea de asfalto llegan buses, camiones y aviones….
Enfrente de mí un cerro niño. Tiene cruz, justifica la epopeya de un libro.
Todos los árboles son amigos, los más viejos enterraron sus raíces junto a las primeras explosiones del cobre.
Los más pequeños ven nacer nuevos amores y deberes en un mundo que pese al sol monetario sigue siendo pobre.
Entre estas elípticas calles se encuentra un poco de mi menta y limón, que se atornillan en contra del filo sentimental de la razón.
Menta es un poco de calma en la arena benefactora del mineral.
Limón es la esperanza inagotable de un pecado carnal.
Menta trae cariño en pañales de buena conducta.
Limón es una vela prendida en medio de la bencina de una noche abrupta.
Menta me entrega una cantera inagotable de tranquilidad y pasado.
Limón con su ácido jugo irrita las paredes de mi sector apasionado.
Menta acompaña mis tertulias con una agradable sonrisa.
Limón llega y peca dejando mis valores al borde de la cornisa.
Tag | L@pices
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